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“PIDO AYUDA ARRIBA
CUANDO VOY A SOLICITAR LOS ÓRGANOS”
Por Montemayor Mora


Es el rostro más joven de la Coordinación de Trasplantes,
de la que forma parte desde hace dos años. Su contacto directo con el
entorno de la donación comenzó durante su especialización como médico
intensivista en la UCI del Hospital Reina Sofía y desde entonces, tiene
claro que ‘marcharse’ regalando vida es una manera de ganar la batalla a
la muerte encefálica. En su faceta profesional, JOSÉ MARÍA DUEÑAS combina
su labor como intensivista con la de coordinador médico de trasplantes,
responsabilidad que comparte con Juan Carlos Robles, uno de sus maestros.


SON  las 9.15 horas y acaba de dar el relevo después de una larga noche de guardia. La sonrisa le acompaña siempre y hoy le ayuda a disimular las muestras de cansancio. José María Dueñas (Córdoba, 1974) es ingenioso y siempre encuentra la manera de conseguir que todo sea más fácil. Y además, está muy preparado. En su paleta cromática, el trasplante se pinta de rojo y, entre fogones, luciría como el mejor de los manjares, sería "un plato muy elaborado, preparado por los mejores cocineros y con ingredientes de primera calidad que aporten originalidad y profesionalidad". Cuando se enfrenta a situaciones delicadas, y en la UCI le toca vivir más de una, confía en su espontaneidad, en el ingenio, se aferra al lado más positivo de la vida y…  ¿dónde más?

Pues mira, cuando voy a solicitar los órganos a los familiares de algún paciente, hago como los toreros antes de salir a la plaza: pido ayuda arriba y obtengo bastante.

¿Qué tienen que ver las creencias religiosas con la donación?
La donación es un ejemplo de ayuda al otro. En unos momentos tan difíciles en los que una persona está desecha, destruida, puede sacar lo mejor de sí, la generosidad. Todas las personas, ya tengan una idea religiosa u otra, deben tener algo de fe, de convicción y mucha confianza en los demás. En Córdoba, no hay movimientos migratorios importantes como en otras ciudades, pero sí que hemos tenido la oportunidad de preguntar a personas de origen musulmán, escandinavo o testigos de Jehová y, por fortuna, nos han respondido favorablemente. La mayoría de las culturas a las que les hemos planteado la donación de órganos se ha mostrado bastante colaboradora.

¿Qué es lo que más le ha cambiado al llegar a la Coordinación de Trasplantes?
Los principales cambios se han producido a nivel personal. Tenía claro que iba a necesitar un exceso de tiempo que le robaría a mi familia. Era un sacrificio de todos y si sigo aquí, es gracias a ellos, a que me aguantan mis días de insomnio y de mal humor; en especial a mis padres, mi hermano Andrés, mi novia Ángela, mi compañero Rafa León y un sinfín de sufridores anónimos e incondicionales que me rodean, a quienes debo la mayor parte de mis éxitos personales. He dejado de tener mucho tiempo para mí porque la coordinación requiere mucha dedicación: el 100%.


Y, ¿merece la pena?
Sin duda, es un placer trabajar junto a este equipo. Mi experiencia es muy grata y también muy enriquecedora a todos los niveles: médico y humano.
Pasas muchas horas en el hospital porque el trabajo se desborda cuando entras en la Coordinación de Trasplantes; te tiras días y días dentro de este edificio rodeado de profesionales que son números uno, con gente de la que aprendes mucho. Lo comparo con el fútbol y es como la facilidad que tiene el entrenador del Barcelona o del Real Madrid; con profesionales de primera línea, es fácil que las cosas vayan bien.

¿Cómo se aprende a ser coordinador?
Con el trabajo del día a día y con formación desde el principio, a lo largo de todos los años de residencia. Con Juan Carlos Robles y el resto de la Coordinación de Trasplantes nos hemos impregnado de los conocimientos y de su amor por los programas de donación y trasplantes. También con muchos cursos y horas de trabajo. La formación continúa a diario y hay que ir resolviendo situaciones nuevas con el ingenio, la experiencia de otros profesionales y la buena intención.

El doctor Dueñas piensa que a la medicina intensiva hay que buscarle siempre el lado positivo. Cuando ya todo parece perdido, esta ciencia se refugia en la donación como un regalo de vida. Para él, con este gesto generoso, la muerte cobra algún sentido. "Desgraciadamente, todas las vidas están limitadas. Nadie es eterno y cuando alguien nos deja dando vida, es la mejor manera de marcharse".

¿Ha vivido muchas situaciones límite en la UCI?
Sí, y algunas muy tristes, como la pérdida de pacientes que llevaba a mi cargo durante mucho tiempo, que ya conocía a su familia, a la que le iba comentando día a día que su cerebro iba perdiendo actividad, que ya no funcionaba, que le habían hecho todas la pruebas y que finalmente, había entrado en muerte cerebral. Entonces, pasas al polo opuesto, a pedirle los órganos. A veces, la donación te alivia un poco, a ti y a la familia, al pensar que los órganos de su padre o hermano sigan dando vida a otras personas y les ofrezca la oportunidad que tanto esperaban.

Recuerdo hace poco la tragedia de la familia de un niño pequeñito que por un accidente entró en muerte encefálica de la noche a la mañana. Fue un trago muy duro y, sin embargo, en el lado contrapuesto, se pudo dar vida a otro niño que esperaba un órgano; se recuperó una vida que se estaba consumiendo. Ésa es la cara y la cruz de la donación: momentos muy amargos que se mezclan con otros tremendamente dulces. Para todos los que trabajamos en la Coordinación de Trasplantes, los buenos ratos superan con creces los malos.


 
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