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Más allá del paciente

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MÁS ALLÁ DEL PACIENTE
(EL PERFIL SOCIAL DEL TRASPLANTE)
Por José Luis Hitos Ortiz


Una se ha pasado el último cuarto de siglo proporcionando un hogar
-en el sentido más amplio del término- a trasplantados y sus familias.
La otra lleva ya más de una década ofreciéndoles su profesionalidad, apoyo
emocional y cariño desde la Unidad de Trabajo Social del Hospital Reina Sofía.
Son CARMEN GARCÍA -más conocida como Carmeli- y ROSA GÓMEZ
quienes ponen rostro y palabras en esta entrevista al lado más social
del mundo del trasplante.



Se cumplen treinta años del primer trasplante en el Reina Sofía. Por la trayectoria que habéis tenido, supongo que las dos os sentiréis muy partícipes de esta conmemoración, ¿no?

Rosa Gómez: Sí. Las trabajadoras sociales en el hospital nos dedicamos a diario a las personas trasplantadas y a sus familiares. Yo, concretamente, atiendo a trasplantados de médula ósea, pulmón y corazón, por lo que la celebración de este acontecimiento va a servir, entre otras cosas, para dar a conocer que la atención a las personas trasplantadas va más allá de la asistencia clínica porque también implica una atención en los ámbitos familiar y social.


Carmen García: Yo me metí en esto por mi hermano Luis Javier -a quien se refiere como su "gran profesor"-, con quien pasé seis años internada en el hospital de Granada. Y ahí fui descubriendo el problema del enfermo, pero sobre todo el del familiar. Descubrí que había gente muy sola. Más tarde lo volví a sentir con mi madre y con mi padre. Y decidí que cuando me quedara más sola, me iba a dedicar a ayudar no tanto a los enfermos como a su entorno, porque los enfermos quieren ser ayudados por sus parientes. Pero a mí me preocupaba enormemente la familia. Me quedé sola, me vine a vivir cerca del Reina Sofía y empecé a decir a las enfermeras que cuando alguien tuviera necesidad de una casa, que me lo mandaran.


Al principio, las enfermeras me miraban un poco extrañadas. Y en ésas, se realizó el primer trasplante de corazón, y el primer trasplantado ya estuvo en casa. Allí tenía seis camas, siete con la mía, y no me cabía más gente, por lo que fui abriendo nuevos pisos -hasta llegar a atender a 30 personas a diario-. Pero mi idea no era limitarme a dar un piso y una llave, sino caminar con ellos, charlar con ellos, comer con ellos y estar con ellos. Así he estado hasta hace tres o cuatro años, cuando ya estaba más agotada. Aunque al mismo tiempo tenía la alegría y la tranquilidad de que otras entidades empezaron a abrir pisos.



R: En relación a las ofertas de alojamientos para enfermos y familiares, Córdoba ha sido capaz, gracias al trabajo continuo de numerosas asociaciones, de cubrir las necesidades de estas personas con dieciséis pisos repartidos por la ciudad. Además de acogerlos y darles alojamiento, les ofrecen apoyo emocional y material, para que los trasplantados y sus familias vivan lo mejor posible durante el tiempo que deban estar en Córdoba.

¿Cuál es la labor que realiza la Unidad de Trabajo Social con los trasplantados y con sus familias?

R: Por encima de todo, debemos garantizar el soporte psicosocial de estas personas. Hay que tener en cuenta no sólo los aspectos clínicos, sino también los sociales y psicológicos.
así como mayores gastos. Los niños y jóvenes deben abandonar sus estudios y separarse con frecuencia de sus compañeros…, y muchas otras circunstancias que provocan que la Unidad de Trabajo Social deba volcarse con ellos: orientamos y apoyamos al enfermo y su familia en las distintas fases del trasplante. Acercamos los servicios, informando sobre prestaciones económicas, minusvalías, ayudas para la adaptación del hogar, etc. Realizamos una escucha activa apoyándoles en momentos críticos. Y en muchas ocasiones, conectamos a los enfermos con las redes de apoyo social existentes en nuestra ciudad, sobre todo con las asociaciones de trasplantados, con Cáritas y con personas que voluntariamente les han prestado su apoyo incondicional, como es el caso de Carmeli.


¿Y qué es lo que más demandan enfermos y familiares?

R: Al tratarse de personas que en su gran mayoría vienen de fuera de la ciudad, plantean demandas distintas: las que más se repiten son las de alojamiento para familiares y/o enfermos, y dietas de comida para los acompañantes. También tienen necesidad de ser escuchados y respaldados, por ese motivo, las redes de apoyo representadas por las asociaciones que trabajan en Córdoba son muy importantes, además del trabajo de orientación y escucha de los profesionales que rodeamos a estas personas.


C: La gente, cuando llega al piso, te dice: "quiero ducharme y acostarme". ¡Qué va, se duchan, pero vienen a contarte! Y cuando ya van teniendo confianza, se dejan una de problemas detrás tremendos: económicos, afectivos, laborales…

R: La parte social no podemos olvidarla en ninguna situación de enfermedad, pero en los trasplantes es fundamental.


Después de tantos años tratando con trasplantados y sus familias, supongo que habréis acumulado un sinfín de vivencias imborrables. Pero, ¿podríais destacar alguna que os haya dejado una huella especial?

C: Destacaría cómo la gente te responde cuando le demuestras confianza. Yo, a toda la gente que viene aquí, le dejo una llave. Si no he hecho 200 copias, no he hecho ninguna. Y nunca me ha faltado nada. Aquí nos hemos juntado personas de distintos países, religiones, culturas, y nunca he tenido problemas.


Al establecer vínculos tan estrechos como los que ambas debéis entablar con los pacientes y las familias, también debe de haber momentos muy duros, ¿no?

C: Cuántas veces me han llamado para decirme, Carmeli, al señor éste hay que decirle que su mujer se ha muerto. Eso es muy duro, pero hay que aprender a relativizar la vida.


R: Tienes que apoyarlos y ayudarlos en todo aquello que necesiten en esos momentos tan duros. Considero que es tarea de todos los que estamos alrededor.

C: Son cosas que hay que vivir. Además, son muchos también los momentos buenos que se recuerdan. Cada paciente a quien han dado de alta ha sido una alegría para mí, y he compartido esta alegría con su familia.


Efectivamente, igual que hay ocasiones en las que te topas con la muerte, hay otras en las que ves a gente que ‘vuelve a nacer’. ¿Te hace eso valorar de otra forma la vida?

R: Por supuesto, el hospital es una escuela de vida que te enseña muchísimo. En estas situaciones, los valores fundamentales salen a relucir.

C: Vale mucho la pena. Creo que a mí me mantiene con vida el haberme entregado a los demás.



 
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