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Los momentos más duros

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LOS MOMENTOS MÁS DUROS
DE UN COORDINADOR ESTÁN RELACIONADOS,
SIN DUDA, CON LA PETICIÓN DE ÓRGANOS”
Por Falina Tristán


Los doctores ALFONSO DEL CASTILLO y JUAN CARLOS ROBLES son,
respectivamente, el primer y el actual coordinador de trasplantes del
Hospital Reina Sofía. Ambos coinciden al señalar que el programa de trasplantes
debe mucho al esfuerzo personal y a la ilusión de los profesionales que iniciaron
esta terapéutica en Córdoba a finales de los años 70. El proceso de petición de órganos
es el que más sinsabores y satisfacciones les ha dado y reconocen que ha merecido
-y merece- la pena el tiempo restado a sus vidas personales porque son horas dedicadas
a mediar para salvar vidas. El doctor del Castillo inició esta trayectoria que han seguido
Rafael Toribio, Rafael Guerrero y, en la actualidad, Juan Carlos Robles y José María Dueñas.




ALFONSO DEL CASTILLO


¿Cómo se desarrollaba el programa de donación y trasplantes en el Hospital Reina Sofía cuando usted era coordinador?
Los nefrólogos fueron los primeros que empezaron a entrar en contacto con el programa de trasplantes de riñón, efectuando los primeros en 1979. Luego apareció el de médula ósea, en 1981. Esto fue haciendo realidad la actitud de este hospital por los trasplantes. En cuanto a la Coordinación de Trasplantes, se empezó de cero: yo era cirujano pero de esto no tenía ni idea. Al principio, tuve que compaginar mi servicio con esta actividad, que me dio muchas satisfacciones. Poco a poco, se creó un caldo de cultivo que nos ayudó a informarnos sobre todo lo que había al respecto en aquella época. Entramos en contacto con la judicatura -porque los jueces tenían mucho que decir sobre la muerte cerebral-, con la Policía Nacional y la Guardia Civil, ya que entonces los traslados eran vitales para el trasplante. Contactamos también con el personal del aeropuerto de Córdoba, sobre todo con los mandos de las Fuerzas Armadas, para que nos facilitaran el traslado de los órganos. A partir de ahí, hubo un ambiente positivo en la provincia con respecto a la donación. Hubo una concienciación positiva porque la prensa mostraba que esta terapéutica era una realidad que iba calando.
Cirugía Cardiovascular del doctor Concha con la ayuda del doctor Montero. Empezó un servicio y le fueron siguiendo otros, y luego, otros más. Dentro del hospital, ya estaban los resortes preparados para que pudieran empezar a trabajar en esta materia con dedicación, esfuerzo y compromiso.

¿Qué se ‘sembró’ en aquellos comienzos para alcanzar unos resultados tan espléndidos treinta años después?
Había unos profesionales con una ilusión tremenda por desarrollar una tecnología que era un reto para todos, un director gerente, Gabriel Pérez Cobo, que les escuchó -porque el gasto económico que se le venía encima al hospital era desorbitado- y una Administración que, al cabo de los años -ya con el trasplante de corazón-, dijo ‘esto va en serio’ y entonces, comenzó a apoyarnos. El mérito está en los profesionales que tiraron para adelante. Todos los servicios del hospital estaban implicados de una u otra manera en los trasplantes: neurocirujanos, intensivistas, etc. No había diferencia entre los trasplantes y el resto del hospital. La figura de Manuel Concha fue fundamental en esta implicación. La realización del primer trasplante cardíaco supuso un salto y facilitó el conocimiento de que se hacían otros tipos de trasplantes en el hospital. Tanto es así, que la gente se enteró que se hacían trasplantes de médula ósea cuando se hizo el de corazón. Luego vino el de páncreas, el de hígado...

¿Cómo se desarrollaba en aquellos años la petición de órganos para trasplantes?
Era un gran reto porque la sociedad estaba muy poco formada en el tema de la donación y el trasplante. No se hacían tantas actividades de promoción como ahora, ni  se hablaba mucho de ello. La población no estaba tan preparada como hoy; era muy duro pedir los órganos. Las reacciones cuando te acercabas podían llegar incluso a ser violentas. Por mucho que la explicaras, la gente no entendía la muerte cerebral. Para mí, fue la parte de mi trabajo de la que más satisfecho estoy y a la que más miedo le tenía. Es muy duro pedir los órganos de un hijo a una madre. La mayoría de las veces, se resignaban tras la explicación. Era muy importante tener contacto físico, coger la mano del familiar. Hoy todo es más fácil, es lógico.
En los años en los que yo era coordinador, la Organización Nacional de Trasplantes (ONT) no existía. En Andalucía y en aquel momento, yo era el único profesional dedicado al tema de los trasplantes. A partir del año 1988-89, se comenzaron a nombrar los coordinadores sectoriales. Recuerdo a José Luis Martínez, que fue el primer coordinador a nivel andaluz y con el que colaboré mucho en los inicios de la coordinación regional.   Fueron unos comienzos en los que todos íbamos aprendiendo, unos de otros.

¿Cuál fue el momento más satisfactorio que recuerda?
Como no podía ser de otra manera, ese momento está relacionado con la obtención de donantes: el día que obtuve mi primera donación multiorgánica, en el año 1988.  Los órganos sirvieron para trasplantar a pacientes tanto de Córdoba como de otros hospitales nacionales y extranjeros. Lo que peor llevé fueron los celos profesionales, pero esas cosas pasan y se olvidan.


JUAN CARLOS ROBLES

¿Qué momento vive ahora el programa de trasplantes del hospital?
Contamos con equipos de gran experiencia y va entrando savia nueva que revitaliza el interés por esta terapéutica. Hay bastante concienciación por parte de la sociedad y de los profesionales. El trasplante forma parte de la cartera de servicios de grandes hospitales y la ciudadanía lo vive, lógicamente, con más normalidad que hace treinta años.
Tenemos programas y profesionales excelentes, que han creado una base sólida sobre la que seguir progresando. Los doctores Concha, Pera, Rufián, López Pardo, Torres, Varo, Montero y Miño, entre tantos otros, han dejado su huella aquí y gracias a ellos y a muchos otros se ha conseguido un gran hospital.

¿Qué mensaje daría a los profesionales de estos treinta años?
Mi agradecimiento con letras mayúsculas. El trasplante requiere bastante dedicación fuera de las habituales horas de servicio. Hay mucha gente que ha trabajado sólo por ayudar a otras personas. Y, por supuesto, el agradecimiento a todos los donantes y asociaciones de trasplantados porque sin ellos nada sería posible, aunque contemos con los mejores profesionales, técnicas, organización e infraestructuras. Todos tenemos derecho a recibir la asistencia sanitaria adecuada y, por tanto, todos deberíamos ser donantes.

¿Qué retos de futuro tienen planteados en el hospital?
Mejorar los fármacos inmunosupresores, la supervivencia y la calidad de vida de los pacientes, así como la concienciación de la sociedad para que no exista nadie que fallezca en lista de espera.

¿Qué momentos han sido más y menos satisfactorios?
Unos y otros coinciden con el proceso de la donación, la generosidad y la solidaridad de la sociedad. Cada entrevista para solicitar a los familiares los órganos y cada donación son únicas e irrepetibles. Aunque las campañas contribuyen a difundir el mensaje entre todos los ciudadanos, eso es indudable, el tú a tú es muy importante. El contacto directo es trascendental para lograr el ‘sí’.
Llevo años en la coordinación, un trabajo que necesita ser comprendido desde el entorno familiar por la dedicación que requiere. Son puestos de trabajo tremendamente vocacionales que se llevan a cabo, fundamentalmente, por el deseo de ayudar a la gente.


¿Qué queda por hacer para que la sociedad done más?
Que las personas con responsabilidad, líderes de opinión, políticos, etc. tengan la valentía de decir que tenemos el derecho de recibir un órgano y el deber de dar los nuestros cuando no los necesitemos. Poner las cosas claras. Hay gente que muere que podría haber vivido si se hubiese producido una donación y yo, estas circunstancias, las he presenciado. Tenemos un Sistema Nacional de Salud que funciona perfectamente, al igual que la legislación en materia de donación y trasplantes. Lo que hace falta es estimular más a la sociedad para que done. Anualmente organizamos, con las cuatro asociaciones de trasplantados de Córdoba y la Unidad de Comunicación del hospital, la Semana del Donante para informar a colectivos profesionales y representantes de la ciudad.

¿Qué tal las relaciones con las asociaciones en estas tres décadas?
La cuatro asociaciones de trasplantados han agradecido a la coordinación que les haya pedido su colaboración en las actividades para difundir la donación. Trabajamos de la mano, tanto entre ellas como todos los colectivos con la Coordinación de Trasplantes. Además de crear la Semana del Donante, construimos el Monumento al Donante, con el dinero de una suscripción popular que organizamos en Córdoba. Las asociaciones se han convertido en un pilar básico para quienes trabajamos en la coordinación. Hay cuatro, la más antigua es Alcer-Córdoba, después está la Asociación de Trasplantados de Corazón ‘Ciudad de los Califas’ con sede en Lucena, la  Asociación Andalusí de Trasplantados Hepáticos y, por último, la Asociación ‘A Pleno Pulmón’. Compartir con las asociaciones es compartir con la sociedad.

¿Crees que los trasplantes han contribuido a lo largo de estos años a dinamizar este hospital?
Totalmente. Los trasplantes han sido el motor y han repercutido en el resto de la asistencia que se ofrece en este centro porque requieren de servicios y profesionales de calidad. Los cirujanos que hacen trasplantes llevan a cabo otro tipo de intervenciones con los ojos cerrados. Esta práctica ha dinamizado a los grandes profesionales que hay en este hospital. De los trasplantes se han beneficiado otras intervenciones quirúrgicas que se llevan a cabo en este centro.

¿Cuáles son los mensajes que más ayudan, por un lado, a los familiares de los donantes y, por otro, a los pacientes que están a la espera de un órgano?
El que más ayuda a la familia de los donantes es que la muerte se puede transformar en vida. La familia se encuentra reconfortada cuando comprende que los órganos de su familiar sirven para dar vida a otra persona. A los pacientes, les pido que sigan teniendo paciencia y confianza en el sistema sanitario y en sus profesionales. Yo creo que hay que darles siempre la esperanza de que el trasplante llegará. Respeto a las personas que no quieren dar los órganos, pero no lo entiendo.

¿Qué aporta el hospital al resto del mundo en materia de trasplantes?
Es un hospital muy atractivo para la formación de profesionales. Vienen a rotar por los diversos programas de trasplantes, sobre todo de América del Sur. Llegan contentos, pero se van aún más alegres por las posibilidades que se les abren; se dan cuenta de todo lo que pueden hacer en sus centros sanitarios. Pero además, nos sirve a nosotros para valorar lo que tenemos aquí. Es bueno ver lo que se hace en otros sitios, tanto países desarrollados como en vías de desarrollo, para saber apreciar lo que tenemos


 
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