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Hijos de 1994

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HIJOS DE 1994
Por María José Raya Miranda

Hace quince años, PILAR LARA DE VICENTE recibió un trasplante hepático,
una semilla que destruyó una cirrosis inesperada que amenazaba con
desproveerla de su futuro. Gracias a la donación, pudo sobrevivir,
quedarse dos veces embarazada y permitir tres nacimientos en uno:
el suyo propio y el de sus pequeños Juan Pedro y Fernando.



PILAR LARA DE VICENTE es una cordobesa afincada en Valdemoro (Madrid) que en 2009 ha cumplido 38 años por un lado, pero que también ha celebrado su decimoquinto cumpleaños. ¿Y cómo es esto posible? Pilar nació en Córdoba el 17 de enero de 1971, pero con posterioridad volvió a la vida un 28 de abril de 1994, el día que recibió un trasplante de hígado en el Hospital Universitario Reina Sofía, un regalo que le llegó de la mano de una persona que falleció, pero que era tan generosa que quería seguir viviendo dentro de alguien que lo necesitase. Desde que se sometió a esta operación, Pilar tiene la suerte de contar con dos edades: la primera es la real y la segunda se la proporcionó el milagro de la donación. Con posterioridad a esas dos fechas claves en la vida de esta cordobesa, Pilar volvía a ser la protagonista de un nuevo hito. El 17 de febrero de 2001, siete años después de recibir el injerto hepático que tanto necesitaba, daba a luz a su primer hijo, Juan Pedro, y se unía al reducido grupo de mujeres que, después de ser trasplantadas en el Hospital Reina Sofía, lograba quedarse embarazada. El complejo hospitalario tiene constancia de que al menos diez mujeres que se sometieron a un trasplante han podido después de esta intervención concebir y alumbrar hijos. Los diez casos se han contabilizado a lo largo de los treinta años que lleva funcionando el programa de donación y trasplante en el hospital cordobés. De esta decena de mamás, siete habían recibido un injerto renal, dos, un hígado y una, un corazón.
Esta mujer tenía sólo 17 años cuando comenzó a "ponerse mala", según relata. Por aquel entonces se preparaba para auxiliar de estética en una academia. Como pudo, acabó esos estudios y el BUP y luego "empecé otros de dietética en el Instituto de la Fuensanta, pero me vi obligada a desistir de continuar formándome porque me encontraba casi siempre enferma", cuenta. Aún en la actualidad, los especialistas del Reina Sofía que la atendieron no saben certificar los motivos que originaron la insuficiencia hepática que le sobrevino a Pilar siendo todavía adolescente.
"Me hubiera gustado mucho seguir estudiando en ese momento, pero me era imposible por motivos de salud, así que no pude hacer radiodiagnóstico y auxiliar de enfermería hasta después del trasplante. En mis familiares más próximos no había habido antecedentes de padecer patologías del hígado y hasta que a mí me detectaron la
insuficiencia hepática era una chica de 17 años que hacía vida normal. El problema fue que, poco a poco, esa enfermedad fue empeorando hasta derivar en una cirrosis", apunta. "Cuando me trasplantaron, aún era joven, tenía 23 años y vivía con mis padres en Córdoba. No me había planteado todavía tener hijos, pero después conocí a mi marido, Juan Pedro, y pregunté en el Reina Sofía si existía algún inconveniente para que algún día pudiera ser madre. Las pruebas que me practicaron en el hospital no mostraban que estuviera contraindicada la gestación y de hecho, a mí durante el embarazo me estuvo asistiendo en Madrid un ginecólogo que me sometía a controles rutinarios, como a cualquier otra mujer que espera un hijo sin estar trasplantada", destaca Lara de Vicente.

Pilar disfruta ahora de sus dos preciosos niños, Juan Pedro, de ocho, y Fernando, de cinco, y, aunque por motivos de trabajo de su marido hace bastante que se tuvo que trasladar a Madrid, sigue vinculada al Reina Sofía, centro al que hasta hace muy poco iba a las revisiones anuales, concretamente a la consulta del hepatólogo Enrique Fraga. "El verano pasado, me encontraba veraneando en Málaga y me sentí mal, así que me tuvieron que realizar una biopsia en Córdoba. Sin embargo, viviendo en Valdemoro y con dos hijos pequeños, cada vez me estaba resultando más complicado venir al Reina Sofía con tanta frecuencia como antes, por lo que me recomendaron que trasladara mi historia clínica al hospital 12 de Octubre de Madrid. Al ser un centro tan grande y al llevar poco tiempo como paciente, aún no me conocen tan bien como el equipo de trasplante hepático del hospital cordobés", destaca esta joven.

En la actualidad, aunque Pilar se encuentra bien, le han salido en los análisis que tiene las transaminasas (enzimas localizadas en el hígado) algo altas, por lo que acude con más frecuencia a la consulta del médico, ya que el especialista no sabe aún por qué le ocurre esto, teniendo en cuenta que sigue una vida muy sana, ni fuma ni bebe y está delgada. Debido a este pequeño contratiempo, ahora tiene que tomar una medicación extra además de la pastilla antirrechazo que le toca cada 12 horas. Sin embargo, éstos son pocos fármacos comparados con la larga lista de medicamentos, tantos que ocupaban una página, que le recetaban al principio de estar operada. Cuando esta joven madre trasplantada vivía en Córdoba, guardaba bastante relación con la Asociación Andalusí de Trasplantados Hepáticos Hospital Reina Sofía, pero en Madrid es más difícil entablar amistad con alguna persona que esté en su situación. Lo que sí pretende es seguir manteniendo al menos contacto telefónico con la Unidad de Trasplante Hepático del centro cordobés, ya que "tanto el doctor Fraga como las enfermeras dan facilidades para remitirles analíticas por fax o consultarles cualquier duda. Durante mucho tiempo ha estado allí destinada la enfermera Encarna Díaz, que para mí es un sol", añade.

Culminar una gestación con éxito tras ser trasplantada no es fácil, de hecho, Pilar Lara tuvo amenaza de aborto en sus dos embarazos y tampoco les pudo dar el pecho a sus pequeños debido a la medicación que toma. Sin embargo, Juan Pedro y Fernando nacieron y crecen sanos. Más complicado aún que el caso de esta joven fue el de otra cordobesa que pudo tener un hijo después de recibir un corazón. Este acontecimiento se produjo en noviembre de 2002 y además tuvo repercusión nacional, ya que se trataba del primer bebé español alumbrado por una madre que había sido trasplantada de corazón. La gestación de esta mujer se desarrolló sin complicaciones y fue el primer embarazo del mundo en el que se había sometido a la futura madre, trasplantada previamente, a un tratamiento con un inmunosupresor en fase experimental llamado Everólimus, que se aplica para disminuir la respuesta del organismo a una sustancia extraña. En este caso, la generosidad del donante fue aún mayor, ya que permitió salvar dos vidas de una vez. Como en el caso de Pilar, que gracias a su supervivencia tras el trasplante, pudo tener dos hijos y así poner un final feliz a una juventud truncada en parte por una inesperada enfermedad.



 
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