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El dolor es relativo..,

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“EL DOLOR ES RELATIVO
CUANDO UNO ESTÁ PREPARADO”
Por Irina Marzo


JOSÉ DOMÍNGUEZ ONETO donó a su hermana Inmaculada parte de su hígado.
“Lo decidimos durante una cena de Navidad”, recuerda. Él jamás se había planteado
que tendría que hacer algo así y ella no se imaginaba que la solución a la grave
enfermedad que padecía estaba tan cerca. Ocurrió el 27 de junio de 2002 y fue
el primer trasplante de hígado de donante vivo que se realizaba en Andalucía.


JOSÉ DOMÍNGUEZ ONETO (San Fernando, Cádiz, 1954) ofrece al.  menos dos certezas: es un tipo peculiar y quiere tanto a su hermana Inmaculada que le donó parte de su hígado. "Somos cuatro hermanos, pero está claro que yo la quería más", afirma entre risas. En realidad, él era el donante más idóneo. Su hermana Mari Carmen había sido intervenida de otras dolencias y Vicente bebe -"poco"- y fuma.

De aquello hace ya siete años, pero José lo recuerda como si hubiera pasado ayer. "Lo decidimos durante una cena de Navidad. Mi hermana no tenía muchas esperanzas, estaba hecha polvo. Con 37 años, no podía andar y vivía postrada en una cama. Ahora está completamente sana, entra y sale, hace lo que quiere. Es feliz". Inmaculada padecía el síndrome de Wilson como consecuencia de una cirrosis hepática y aquella Navidad aún no sabía que su hermano mayor se convertiría en su salvador. Llevaba más de dos años en lista de espera activa de un hígado. Durante ese tiempo, pensó en los posibles donantes, sumó cábalas y restó noches en blanco, sin saber que la solución estaba tan cerca. Sin saber que la solución se la daría su propio hermano.

Aquel 24 de diciembre de 2001 fue crucial en la vida de esta familia. Aunque todos piensan que el más generoso fue él, para José quien verdaderamente demostró su altura moral fue su mujer, Loli. "Ten en cuenta que cuando surgió el debate, ella debía elegir entre su cuñada y su marido". Sus tres hijos también lo apoyaron. "Me animaron constantemente".

Aquella intervención fue la primera donación de un hígado de donante vivo que se realizaba en Andalucía. Fue el 27 de junio de 2002, "jueves para más inri". En números, el asunto asustaba: dos quirófanos, cincuenta profesionales -entre cirujanos, cardiólogos, intensivistas…- y "ochenta mil tubos que me pusieron en el cuerpo", recuerda con humor José. Y lo más extraordinario: duró 13 horas. "Primero me quitaron a mí la mitad del lóbulo derecho y a continuación se lo injertaron a mi hermana". Cuando los dos hermanos se separaron para entrar en sus respectivos quirófanos, Inmaculada pronunció una única frase: "Gracias por salvarme la vida".

Sólo hay una cosa que José no ha podido hacer aún después de la operación: ver las imágenes del video que se grabaron en los dos quirófanos. "No he tenido fuerzas, a lo máximo que he llegado ha sido a ver alguna fotografía". Conserva, eso sí, los recortes de prensa que explicaron el caso médico y la generosidad personal que conllevaba protagonizar un acto de este calado.

Hoy por hoy, José Domínguez es un hombre de 54 años, sano y con un hígado completo -el órgano se reproduce y ahora puede presumir de tener un hígado de un joven de 30 años-. Con la distancia, siente toda aquella historia como el capítulo más importante de su biografía, a pesar de que no se cansa de decir que no es un héroe. "Ahora sólo tengo que hacerme una analítica general cada seis meses. No tengo que hacer ningún tipo de régimen y si me apuras, me encuentro mejor ahora que antes. ¡Tengo un hígado nuevo, como si fuera el de un joven!". Otra cosa que también ha cambiado ha sido la relación con su hermana, que actualmente vive una vida completamente normal. "Imagínate, la relación con ella se ha estrechado muchísimo". E ironiza: "Muchos días me agradece el detalle de haberle dado el hígado. Ella, mis otros dos hermanos y sobre todo, mi madre, que fue la que más sufrió". Y remata: "Alguna vez bromeando le he dicho: pórtate bien o te quito el hígado, que es mío". José Domínguez Oneto vive en Alcalá la Real (Jaén), su segunda tierra, y alterna su empleo como funcionario de la Administración andaluza con trabajos en diversos medios de comunicación. De hecho, recibió uno de los premios de periodismo Luis Portero por un artículo que escribió sobre trasplantes. "Una cosa muy hermosa que ocurrió tras la operación es que me llamaban personas en la misma situación. Me preguntaban y yo les he asesorado".

Después de su experiencia, José afirma que ha aprendido la verdadera profundidad de la donación: "Le he dado más importancia, de hecho, yo antes es que no se la daba. Parece una frase hecha, pero es lo cierto: con una donación se pueden salvar muchísimas vidas". También está convencido de que en Andalucía sigue habiendo "una especie de tabú" en todo lo relacionado con la donación de vivo, por eso no se cansa de hacer llamamientos a la gente para que se conciencie y ha hecho de los medios de comunicación una plataforma desde la que promover ese fin tan filantrópico. Los avances médicos son vertiginosos y ahora, el trasplante de hígado de donante vivo es una opción a tener en cuenta porque abre nuevas posibilidades a pacientes en situaciones de extrema gravedad, sobre todo, a niños. De todas formas, los especialistas indican que lo ideal es el trasplante de donante cadáver porque el riesgo que asume el donante vivo es un aspecto a considerar. José se siente profundamente agradecido al personal del Reina Sofía que hizo posible el pequeño gran milagro. El proceso de este primer trasplante de hígado de donante vivo en Andalucía lo capitanearon el profesor Carlos Pera Madrazo, jefe de Departamento de Cirugía en aquel momento, y Enrique Fraga, hepatólogo del centro hospitalario. Aquel éxito se ha vuelto a repetir después en más ocasiones. Hasta hoy, cinco intervenciones de este tipo han sido realizadas por el equipo de trasplantes del Reina Sofía, ése que hace milagros en su horario de trabajo. En 2005, el centro realizó los primeros injertos hepáticos infantiles de donante vivo que se han llevado a cabo en Andalucía. Un bebé de sólo cinco meses fue la primera andaluza en recibir parte del hígado de su madre. Sin la historia de José Domínguez Oneto y su hermana Inmaculada, nada de eso hubiera ocurrido. Él no es un héroe, pero tampoco un tipo normal.



 
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