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Conviviendo con un órgano ajeno

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Conviviendo con un órgano ajeno
La muerte de una persona da la oportunidad de vivir a otra


España es líder mundial en trasplantes con más de 100 por millón de personas

A usted le falla este órgano y necesita  otro órgano para continuar viviendo. Un instante y una frase con la que  el médico informa al paciente que la cuenta atrás para un trasplante se  pone en marcha y que a cualquier persona le cambia la vida.
 
Incertidumbre, miedo y dudas, muchas dudas, son lo que invaden a la  persona que ve cómo el tiempo de su vida se para en seco.  Los días, los  meses y los años pasan, cierto, pero para la persona este tiempo no  pasa .
 
¿Ya me saldré de esta? ¿Me llegará a tiempo? Preguntas que son el  denominador común en las personas que necesitan un trasplante, sea del  órgano que sea: riñón, pulmón, hígado, corazón, etc. Un período donde el  estado físico, mental y de salud juega en contra. Una llamada  telefónica confirmando que se tienen el órgano para ti rompe este ciclo y  abre la nueva etapa de la vida.
 
Sea de un donante en vida o no, la maquinaria se pone en marcha. Los  equipos médicos toman la rienda de la situación realizando la extracción  del órgano y el trasplante. Un proceso que requiere de rapidez y  precisión y que mueve a un gran número de personas. En ocasiones, este  órgano debe desplazarse miles de quilómetros y, precisamente, el tiempo  no es el mejor aliado.
 
A partir de la operación, ya es el cuerpo de la persona el que  marcará la recuperación y el regreso, progresivo, a la rutina que  llevaba antes de que el reloj se parara. Una nueva vida en que la  medicación para evitar el rechazo va a ir ligado para siempre a la  persona. Un mal menor para la situación a la que se había llegado.
 
La salida del hospital y la convalecencia en casa son el inicio de la  nueva vida para la persona. Es por esta persona que gran parte de  ellos, si no son todos, celebran dos cumpleaños: el día en qué nacieron y  el día que volvieron a nacer gracias al trasplante.  

 
La vida y la muerte,  polos opuestos unidos
 
Sin embargo, para llegar a la realización del trasplante, dos  momentos de la vida coinciden: la vida y la muerte. La muerte de una  persona se contrapone a la nueva oportunidad de vida de otra.  La  alegría de una familia es la tristeza de otra.
 
Un instante en que las leyes  de cada país, llevar un carnet de  donante, haberlo hablado con la familia o el tacto del personal médico  para pedir la donación y el consentimiento a los familiares juegan un  papel fundamental. Una ley poco favorecedora para la donación o no tener  la suficiente empatía para solicitar el consentimiento puede tirar por  el traste una posible donación.
 
Dos polos opuestos que quedan unidos para siempre. Para la familia  donante, la pérdida del familiar es irreemplazable, pero siempre tendrá,  aunque no lo sepa, la gratitud infinita de la persona y familia  receptora. Las personas trasplantadas siempre se acuerdan de este gesto  de generosidad y dan gracias a quien lo ha hecho persona, aunque no  llegue a la otra parte.
 
Un acto de generosidad con el que marca un antes y un después en la  vida de una persona que siempre es recordado a pesar de ser un momento  doloroso para otras personas. Sin embargo, el saber que has podido  salvar vidas puede hacer más llevadero esa pérdida. Y tú, ¿te haces  donante?

     Alba Llacuna
Nacida en Barcelona, la pasión por los deportes me hizo estudiar  periodismo con la ilusión de ser periodista deportiva. La fotografía y  la lectura son otras de mis pasiones. Leer atículo original


 
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