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Camino de Santiago

Testimonios

ANTONIO MERINO Y MARILUZ: CAMINO DE SANTIAGO

Después de un invierno adverso en lo climatológico y en lo que respecta a mi salud con un ingreso en Córdoba cuando este daba sus últimos coletazos y la primavera parecía querer asomar.
Con buenas noticias respecto a mi paso por el tribunal médico al inicio del verano y pasar varios días en nuestra querida playa de Matalascañas, allá donde el Coto Doñana nos empieza a mostrar sus playas vírgenes arena y mar, una mezcla perfecta para descansar y recuperar fuerza comenzamos el día 22 de agosto nuestro viaje hacia la Ciudad Santa de Santiago de Compostela, 840 kilómetros nos esperaban desde nuestra querida Zafra para encontrarnos con el grupo de la Federación Española de Fibrosis Quística e iniciar nuestro peculiar camino.
Era todo un reto el que se nos planteaba y no sabíamos si seríamos capaces o no de llevarlo a cabo.
Nuestras maletas, la mía y la de mi compañera en este viaje de la vida, Mariluz estaban llenas de ropa, de calzado, pero sobre todo de ilusión, de fe y porqué no decirlo también de miedos.
Después de ocho horas de viaje y algunas paradas llegamos a Santiago para descansar esa noche, para al día siguiente encontrarnos con todos nuestros nuevos compañeros de viaje, a algunos de ellos ya los conocíamos y a otros, os lo digo de corazón, ha sido un placer el conoceros y sobre todo el compartir estos días.
El día 23 amaneció lloviendo, cosa normal por otra parte en estas tierras mágicas de Galicia, poco a poco nos fuimos reuniendo en nuestro lugar de encuentro para desde allí marchar a Caldas de Rey, nuestro cuartel general durante esa semana, besos, abrazos, saludos, reencuentro de todos aquellos que estábamos allí y que formamos parte de la familia de la Fibrosis Quística.
El día 24 como el resto de los días sucesivos tocó madrugar para comenzar nuestro camino, camino de fe, de esperanza, de ilusión, camino de esfuerzo, de risa, de lágrimas.
Partimos hacia Valencia do Miño para comenzar así a escribir casa uno nuestra peculiar historia, pueblito precioso de nuestro país vecino pegado a la frontera de España.
El contaros aquí lo vivido en cada una de las etapas sería complicado y sobre todo largo por todo lo que durante las etapas se vivía. Ya os lo dije antes, ilusión, esperanza, fe, risas, lágrimas pero sobre todo un compañerismo como jamás antes había visto, nos apoyábamos unos a otros tuviéramos fibrosis o no.
Han sido etapas largas, algunas muy largas, otras menos largas pero muy duras y más para mí que cuento con un 44% solamente de capacidad pulmonar, días en los que hubiera preferido tirar la toalla y abandonar, pero el camino es sacrificio, es fuerza, es fe, es ilusión y esas son las cosas que me hicieron seguir adelante.
Antes de contaros mi último día, mi última etapa, permitidme que os cuente las sensaciones vividas en el último tramo del sábado, cuando desde lo alto de Milladoiro se veían las torre se la catedral de Santiago, nuestra catedral.
Iba con mis dos compañeros de camino estos días, Vicente y Rafa, los tres con nuestras rodillas maltrechas y nuestras supernenas detrás, el ver que la meta, el final del camino estaba cerca hizo que las lágrimas salieran de mis ojos, me acordaba de mucha gente, de los duros momentos que había tenido que vivir por mi enfermedad y de los que sigo viviendo, mis padres, mis amigos, de aquellos que ya no estaban entre nosotros pero que han formado parte de esta familia de la fibrosis y sobre todo de Mariluz que sabía que venía por detrás y que seguro tendría las mismas sensaciones que yo, pero a pesar de quedarnos a las puertas de Santiago de Compostela había que esperar para vivir el momento cumbre de este camino.
Esa noche del sábado apenas pegué ojo, pensando en todas las sensaciones que nos quedaban por vivir a todos, ese momento en que entráramos en la Plaza del Obradoiro, y porqué no decirlo también, por que mi rodilla izquierda estaba muy inflamada y me dolía bastante, pero no era cuestión de quejarse por todo eso después de todo lo que llevaba a mis espaldas y mucho menos abandonar, si hacía falta se entraba en la plaza a rastras.
A las ocho y media de la mañana comenzamos nuestros últimos kilómetros de recorrido de nuestro camino, camino que transcurría por calles de Santiago, el momento está cerca y Carmen Loja junto con María y Manolo nos dijeron a los afectados que nos pusiéramos en cabeza del grupo, que el triunfo y el mérito era nuestro, los últimos metros fueron eternos, pesados, pero pesados por la emoción que llevábamos acumulada durante toda la semana.
A nuestra entrada a la Plaza del Obradoiro, momento mágico, momento único, momento en lo que todo lo sufrido se olvida por momentos, rompí a llorar como un niño pequeño, busqué a Mariluz y nos abrazamos a sabiendas que habíamos superado lo que para nosotros se había convertido en todo un reto, los besos y las lágrimas se mezclaban.
Abrazos entre todos, lágrimas, muchos sentimientos encontrados, promesas cumplidas, más lágrimas, más risas, fotos, muchas fotos.
Cola para recoger la Compostela, cola para entrar a nuestra misa, la misa del peregrino.
Últimos abrazos, últimas lágrimas, últimas risas, todas estas ya de despedida hasta un nuevo camino de Santiago en el que seguro nos volveremos a encontrar todos.
Gracias a todos por elegirme el peregrino más constante, ese siempre ha sido el motivo por el que ahora os cuento todo esto, la constancia.
Gracias a la Federación, a los cuarenta y cuatro peregrinos que hemos hecho el camino, gracias a Carmen, María y Manolo por ir barriendo nuestras lágrimas, nuestras risas, nuestras ilusiones de todos estos días y no dejar que ninguna se escapara.
Gracias a las supernenas, Ana, Encarni y Mariluz mi mujer, por el apoyo que me habéis dado y a esta última por todos estos años que me ha regalado y como no, a Vicente y a Rafa por su compañía, por su espera, por su apoyo, no tengo palabras.
Antes de despedirme, quiero terminar con algo que leí un día y que me ha servido para poder realizar este sueño:

TÚ NO HACES EL CAMINO, DEJA QUE EL CAMINO TE HAGA A TI




 
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