Antonia Prieto (Joaquín) - A Pleno Pulmon

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Antonia Prieto (Joaquín)

Equipo de trasplante pulmonar

JOAQUÍN


Entraba de turno de noche cuando el Neumólogo de Trasplantes me dijo que preparásemos la habitación para recibir a un paciente que venía a trasplantarse.
Todo en silencio, todos los pacientes de la Unidad dormían, cuando alrededor de las dos de la mañana, aparecía Joaquín, acompañado de su esposa y alguien más que los traía a toda prisa desde su casa. Nervioso, nerviosa su mujer y a la vez alegres. Traían su mochila de oxígeno eléctrica, “ya le queda poca carga”, decían, “hay que enchufarla pronto”. Comenzamos a prepararlo todo y muy característico en él, colaborando para que estuviese preparado en el menor tiempo posible.

Nos informaba el neumólogo sobre su enfermedad y la experiencia que teníamos en trasplantes anteriores con su misma patología. El miedo empezó a invadirnos por dentro. Nos alentó la idea de que este tipo de trasplante iba a intentarse, en esta ocasión, de un solo pulmón, dado que Joaquín, quería trasplantarse por encima de todo. Sería más corto, menos traumático y se preveían mejores resultados.
Y ¿cómo no intentarlo con un joven que sólo con sus ojos, al mirarte, te pide una solución a su enfermedad porque desea seguir viviendo? Si no hay solución la buscamos, dice mi madre en estas ocasiones.

Vuelvo para explicarle todos los riesgos y para que me firme los consentimientos, Toñi, me decía el médico cuando habíamos sobrepasado las dos de la madrugada. Sigue mostrándonos su deseo de trasplantarse a pesar de ponerle las cosas tan difíciles, nos sorprendíamos con él. Nunca vi a una persona tan segura de saber y querer lo que estaba haciendo.

En el silencio de la noche, se bajó a quirófano, en una tensión que pocas veces nos sobrecoge a pesar de que el trabajo es duro. Pero esta vez temíamos más que otras.

El quirófano no fue nada fácil, según nos contaban al día siguiente.
La UCI, se hacía cuesta arriba y aparecieron las lesiones, la pérdida de masa muscular e hizo falta la traqueostomía. Pero nada fue en vano.
Nos comunican que Joaquín se estabiliza y que pasa a planta para seguir su recuperación. No tenemos cámara de trasplante pero habilitamos una habitación para su aislamiento. En dos ocasiones más lo cambiamos de aposento, pero como es propio en él, recibe las órdenes de cambio de habitación con una sonrisa.
Paso a saludarle cuando llega a la planta. Me alegré mucho al verle. ¿Cómo estás Joaquin? Muy bien me dice y mejor cuando deje de temblar tanto, me sonríe bromeando con sus efectos de la inmunosupresión. He perdido la musculatura y todavía no tengo fuerza para andar, pero la recuperaré con el gimnasio. Empezaré a bajar. ¿Cómo llevas la comida? le pregunté. Muy bien, me dice, estoy comiendo bastante y hasta los suplementos que me traéis.

Con su traqueostomía con esparadrapo, aún con aporte de oxígeno y con poca fuerza en las piernas, no cesa en su trabajo diario para recuperarse. Comer, dormir y trabajar, Joaquín, y obediente y constante se pone, día a día, a ello. Tenemos que volver con la mujer a hacer una vida normal, le digo, mirando también a su esposa. Ella lleva mucho tiempo apoyándolo, a su lado y merece ahora una recompensa. ¡Tienes que pasearla por Córdoba y ya estamos tardando! Se miran y se sonríen.
Avanzando cada vez un poquito más, siguiendo los consejos y las órdenes del médico, de la enfermera, de sus fisioterapeutas, se va reponiendo. Su constancia, su tesón, sus ganas de seguir entre nosotros, entre los suyos, le hacen superarse cada día un poco más.

Qué valor tuviste Joaquín, le decía. A pesar de todo lo que te informó el neumólogo, de los riesgos de trasplantarte, te decidiste a hacerlo. No me quedaba otra, Toñi, me contestaba. Yo ya no podía respirar, no podía vivir así.

Me alegro muchísimo de su recuperación, de que pueda disfrutar de la vida gracias a la donación y al valor que le echaron, él y ese equipo tremendo de cirujanos, intensivistas, neumólogos y fisioterapeutas que confiaron en que todo iba a salir bien.

Seguiremos estando ahí para lo que nos necesiten. Siempre cerca, la Enfermera.

Antonia Prieto

 
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