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Angelitos buenos

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ANGELITOS
BUENOS
Por José Antonio Luque


LAURA CABALLERO nació pidiendo un trasplante. Tenía un fallo cardíaco
irreversible y de tanta gravedad que los médicos del Hospital Reina Sofía
la colocaron enseguida en código cero, es decir, prioridad absoluta
para recibir un órgano. Los angelitos buenos respondieron a toda prisa.
Laura se convirtió en la trasplantada de corazón más joven de España:
tenía sólo ocho días. Ahora, con once años, juega a ser enfermera
con sus muñecas y no se olvida de sus angelitos, ésos que regalan
órganos a los niños que los necesitan.

ES increíble la capacidad de espera que tiene una madre, que tienen una madre y un padre, unidos por la terrible certeza de la muerte inevitable de su hija recién nacida. Quizá del mismo temple del arrojo profesional de un equipo médico arrastrado, cual locomotora de alta velocidad, por un hombre tan carismático como Manuel Concha, a la sazón jefe de servicio de Cirugía Cardiovascular del Hospital Reina Sofía de Córdoba. Y de fuste parecido al que, sólo un rapto de solidaridad en medio de un dolor capaz de enloquecer por haber perdido un hijo, permite dar el ‘sí’ cuando te piden ese corazón que iluminó tu vida al oírlo latir por primera vez.

Conocí a Carmen Calle y a José Antonio Caballero una mañana de abril de 2009 en el Hospital Reina Sofía. Córdoba olía a azahar. Eran días de Pascua en los que, tras una espléndida Semana Santa, todo parecía gritar a los sentidos el triunfo de la vida. Y así me definieron a Carmen, la granadina de Ríofrío cuya sonrisa y actitud producen la impresión de poder cargar con todo. Rafi Belmonte, embajadora hospitalaria donde las haya, me lo dejó bien claro: "Toma el teléfono de una luchadora. Está ya más que harta de entrevistas y reportajes, pero por este hospital, en agradecimiento al equipo de profesionales y sobre todo, a los donantes, está dispuesta a una más".

La noticia no podía ser más atractiva. Teníamos en el centro sanitario al bebé más joven de España que se sometió a un trasplante de corazón. Laura Caballero recibió el órgano cuando tenía sólo ocho días. Aquel corazón prestado se agotó y Laura, que ahora tiene once años -edad al finalizar 2009-, tuvo que pasar por otro nuevo trasplante que le permite seguir viviendo. Así que allí nos fuimos mi amigo Juan Manuel Rojas, el técnico de sonido, y yo, dispuestos a recoger para Canal Sur una buena entrevista.
Pero Laura dijo no. La niña se hace mayor y es evidente que ya está harta de ser un fenómeno mediático, de que la iluminen los focos de las cámaras, de que la acosen los micrófonos de las emisoras, dispuestos siempre para conseguir su objetivo de colarse hasta en la UCI, que para la pequeña granadina es ya como su segunda casa debido al tiempo que ha pasado en ella. Laura forma parte del reducido grupo de niños a quienes se les ha salvado la vida desde que en España se realizara el primer trasplante de corazón infantil. Ella fue la más joven. Continúa viviendo con el tercer órgano cardiaco que late en su pecho. Se lo injertaron el pasado año. Y ahí está. Afirmando rotundamente que no habla con la prensa. Que la dejen en paz con su muñeco, al que clava una aguja hipodérmica mientras juega a las enfermeras. O con su consola Nintendo, regalo de Primera Comunión, que también recibió en 2008.

Nos encontramos en el servicio de Pediatría donde Laura permanece de nuevo ingresada. Débil y falta de defensas, ha cogido una mononucleosis de la que se recupera en el centro sanitario. Y en su presencia -Laura juega aparentemente ajena-, sus padres nos cuentan su historia. Cómo nació con un fallo cardiaco irreversible. Cómo hubo que colocarla en código cero porque la única posibilidad era el trasplante. Cómo don Manuel Concha -el doctor corazón- les transmitió una serenidad que ellos consideraban inconcebible. Cómo supieron que ya se hacían trasplantes a niños muy pequeños -¡pero no tan pequeños como Laura!- y cómo -la voz de Carmen es puro azúcar que se derrama por las paredes esterilizadas de la habitación- aparecieron los angelitos buenos.

Los angelitos buenos te ofrecen, con sus manos abiertas, corazones cuando los necesitas. Y páncreas y riñones. Iguales que ésos que acaban de ponerle a la tita Luisi. Porque en esta familia el fenómeno del trasplante forma parte de su realidad cotidiana. La tita Luisi, diabética de 31 años, ha podido abandonar la diálisis peritoneal gracias a un doble trasplante de páncreas y riñón al que ha sido sometida también aquí, en el Reina Sofía. En febrero de 2009, le avisaron de que había un donante y, en menos de lo que tarda en transcurrir la primavera, su vida ha cambiado por completo. Ha llevado muy mal, por ejemplo, no poder besar a nadie ni a su sobrina Laura durante la recuperación para evitar problemas con los inmunosupresores, pero ahora es una mujer que puede hacer vida normal. Nueve años pendiente de Laura, a la que adora, y quién le iba a decir a ella que también necesitaría de los angelitos buenos.

Al oírlos mencionar por su madre, Laura tercia en la conversación. Se había mantenido al margen, protegida por una coraza de regresión infantil, por una antipatía forzadacon la que espantar a los moscones periodísticos. Al escuchar que su madre los invoca, algo se remueve en su corazón de niña-mujer. Carmen, la luchadora granadina, no sabe si es más difícil agarrarse al clavo ardiendo de la esperanza que decir adelante ante tu pequeño fallecido cuando te piden sus órganos. Y se muestra eternamente agradecida a quienes fueron capaces de hacerlo. Por ellos, una vez y otra vez, su hija continúa viviendo. Pudo hacer una Primera Comunión que recuerdan alborozados. Y aquí sigue, adelante. Aunque tenga que pasar tantas temporadas en el hospital. Lo importante es que vive. Y que, a pesar de las sombras que ella como madre no puede apartar del todo de su mente, hay un horizonte al que mirar con entusiasmo. Idéntico al que vislumbra José Antonio, su padre, un criador de pájaros granadino que afortunadamente contempla aletear sobre la cama a su más linda avecilla.

Algo se remueve en Laura, que sonríe, se acerca hasta el micrófono y acepta llamar desde ‘La hora de Córdoba’ a los angelitos buenos. Ésos que por suerte se multiplican en la misma proporción que el conocimiento y el buen hacer de los profesionales para lograr que la vida se sobreponga a los nauseabundos hangares de la ignorancia y de la muerte.



 
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