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Anexo - Trasplante hepático: veinte años y mil vidas

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EL TRASPLANTE HEPÁTICO:
VIENTE AÑOS Y MIL VIDAS
Por Daniel Blanco



La celebración de los treinta años del primer trasplante en Córdoba cobra una
especial significación para los miembros del equipo de trasplantes de hígado y
páncreas. Se cumplen tres décadas del primer injerto en el Reina Sofía
-fue de riñón- y se cumplen también veinte años del primer trasplante de hígado,
realizado en 1989. Dos motivos de celebración para este complejo andaluz.
Desde entonces, han sido casi mil injertos de hígado y un 80% de supervivencia
de los receptores al año de la intervención. El cirujano coordinador de este
programa, SEBASTIÁN RUFIÁN, entra de lleno en las peculiaridades de estos
trasplantes, en el debate sobre los donantes vivos, en la atención a enfermos
pediátricos y en los nuevos desafíos para la medicina. Resume así el camino recorrido:
“Detrás de esta brillante trayectoria está el esfuerzo humano de todo un equipo”.



ERA mediados de 1989. Bajo la atenta tutela del profesor Carlos Pera Madrazo se realizaba el primer trasplante hepático en Córdoba tras una ardua preparación -a veces en el extranjero- y ensayos en animales. Sebastián Rufián, actual coordinador del programa de trasplantes de hígado y páncreas, ya formaba parte del equipo que sacó adelante aquel primer injerto de hígado y lo recuerda con una mueca de nostalgia: "Fue un momento especial para todos, para Córdoba también. Se daba un paso más en los trasplantes porque echaba a andar un programa nuevo y ambicioso para el que nos habíamos preparado a conciencia". Y la apuesta salió bien. Veinte años después de aquella primera intervención, los datos confirman la firmeza de este programa: "Se han realizado casi 900 trasplantes de hígado, de los que 120 son infantiles, y tenemos una supervivencia que alcanza el 80% de los pacientes al año de la intervención. En páncreas, casi se ha alcanzado la cifra de los 150 injertos". De las manos de estos profesionales, además, han salido algunos de los logros más aplaudidos del Reina Sofía: el primer trasplante triple de hígado, páncreas y riñón de Europa, en 1998, el primer hepato- bipulmonar infantil de España, en 2003, y el primer trasplante a un paciente con VIH en este centro, en 2004. "Este programa cuenta con una plantilla que se va formando constantemente, que tiene conciencia de que la medicina debe ir avanzando y debe ir asumiendo nuevos retos", señala Rufián, quien lleva toda su vida profesional -más de dos décadas- dedicado a los trasplantes hepáticos, uno de los de mayor complejidad porque incluyen también los de donante vivo y la técnica del split -separar el hígado en dos lóbulos para que se pueda beneficiar un mayor número de receptores. "El Reina Sofía tiene un equipo tan bien preparado que siempre ha querido ir más allá, estar a la vanguardia de los trasplantes", sentencia el cirujano.

La trayectoria, a simple vista, parece sencilla, pero no lo ha sido. Durante estas dos décadas se han superado obstáculos, problemas y escepticismos, algunos de los cuales siguen aún sin una solución precisa. Sebastián Rufián los identifica: La falta de órganos y el aumento de la edad media de los donantes, la necesidad de no abusar de los medicamentos inmunosupresores -que relaja las defensas del organismo para que no rechace el injerto-
porque son tóxicos a largo plazo y el debate sobre los riesgos que asume el donante en el trasplante de vivo. "En todo esto estamos trabajando porque los injertos son un camino que se hace cada día", aclara Rufián. El cirujano Javier Briceño, miembro también de este equipo, habla en estos términos: "Como a cualquier médico, lo que más nos preocupa es el problema de la mortalidad en las listas de espera, que está provocado porque no hay órganos suficientes". De ahí, surgen respuestas, alternativas y decisiones que salvan vidas. "Ahora la edad del donante no puede ser un criterio límite. Los hemos tenido de 70 u 80 años. Los hígados, aunque sean añosos, alargan la supervivencia de los enfermos graves", explica. Los españoles y en especial los cordobeses tienen las tasas de donación más altas del mundo. Entonces, ¿cuál es la solución? Briceño saca a colación la discutida donación de vivo. El hígado, al igual que el riñón, puede provenir de un donante cadáver -se le extrae entero- o de uno vivo -se utiliza sólo un lóbulo-. Aunque es cierto que el donante asume algunos riesgos, Briceño deja claro que "esos riesgos están minimizados porque se hacen multitud de pruebas para determinar que el que dona puede afrontar la operación" y añade que "un médico no puede juzgar la decisión de otra persona que decide o no dar un lóbulo de su hígado". La donación de vivo está totalmente justificada cuando el enfermo es un niño cuya vida corre peligro si no recibe un órgano nuevo. En la mayoría de estos casos suelen ser los padres los que se ofrecen como donantes. Y funciona. De los cinco trasplantes de hígado de donante vivo que se han hecho en el Reina Sofía, cuatro han sido a niños y los donantes han sido sus padres. "Es una solución a tener en cuenta porque no sólo reduce las listas de espera y evita muertes, sino que los hígados, tanto el del donante como el que se ha implantado en el receptor, se regeneran en unos quince días", explica Briceño, quien además, añade: "El momento más importante y a la vez más delicado es la selección del donante para disminuir los riesgos a los que se expone", señala. El cirujano Pedro López Cillero muestra su confianza en que este tipo de trasplantes se "incremente" en los próximos años.

Para solventar la falta de órganos, también se realiza con asiduidad la técnica split, con la que dos o incluso tres personas se benefician de un mismo órgano. La mayoría de las veces, los receptores suelen ser niños de poco peso. "Un 14% de los trasplantes hepáticos que se hacen en este hospital es a pacientes pediátricos. Son enfermos para los que no hay otra salida más allá del injerto y que suelen responder muy bien al órgano nuevo", explica López Cillero. Desde enero hasta noviembre de 2009 se realizaron en Córdoba un total de 55 trasplantes hepáticos, de los que diez fueron a niños. De hecho, el Hospital Reina Sofía es ya centro de referencia nacional en los trasplantes hepáticos pediátricos, "un orgullo para los equipos de trasplantes y también para el hospital", añade. Cuando se trabaja con niños, se presentan momentos especialmente emotivos: "Yo aún recuerdo a un paciente que tuvimos y al que trasplantamos con poco más de dos kilos de peso. Lo mejor de todo fue que aceptó el injerto", explica López Cillero.

Aunque el número de trasplantes de páncreas realizados en el Reina Sofía -150- es mucho menor que el de hígado -900-, los resultados son magníficos; de hecho, tiene una de las tasas de supervivencia más altas de Europa. El cirujano Javier Padillo, el que fuera responsable de trasplantes de páncreas, habla de las peculiaridades de este órgano, quizás uno de los más complejos. "Este injerto fue una apuesta clínica de la que muchos dudaban y en torno a la que había muchas expectativas. El primero se hizo en 1988. Ahora mismo, las ventajas de estos trasplantes son rotundas: en los diabéticos que cumplen los requisitos, los resultados son espléndidos. Es, además, el único tratamiento que les cura la enfermedad mientras el nuevo órgano funciona". El buen trabajo de los profesionales del Reina Sofía ha sido reconocido por el Ministerio de Sanidad, que ha nombrado el complejo cordobés uno de los centros de referencia de España en trasplantes de páncreas en adultos. "Estamos orgullosos del trabajo de todos. En este campo, sin duda, estamos a la cabeza de la cirugía andaluza, nacional y europea", concluye Padillo.

Cuando los profesionales del Reina Sofía intentan vaticinar el futuro de los trasplantes de hígado y páncreas, todos se hacen eco del entusiasmo de la comunidad científica, que está convencida de que la medicina regenerativa vendrá a acallar algunos problemas actuales, "como la falta de órganos", señala Sebastián Rufián. "Hay que abordar los retos pendientes, como la inducción de la tolerancia en los receptores o la creación de órganos sanos con células madre. Parece que están lejos, pero es lo que nos espera", añade. Estos profesionales hablan de los sacrificios que requiere un trabajo de este tipo –disponibilidad absoluta, cansancio, guardias,…-, pero todos coinciden en la conclusión: "Ha merecido la pena. Cuando se trata de dar vida, no cuentan los sacrificios", señala López Cillero.



 
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