Anexo - Los inventores de latidos - A Pleno Pulmon

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Anexo - Los inventores de latidos

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LOS INVENTORES
DE LATIDOS
Por Daniel Blanco



El Hospital Reina Sofía realiza al año una media de veinte trasplantes de
corazón. Es una cifra aceptable, pero insuficiente para cubrir la demanda de
enfermos cardíacos que necesitan de un nuevo órgano para sobrevivir.
Los médicos del centro cordobés investigan alternativas inéditas, abren
caminos esperanzadores y, lo más importante, proponen soluciones que ya
están salvando vidas. El Reina Sofía acaba de incorporar un nuevo equipo de
asistencia ventricular -lo que se conoce como corazón artificial-, que se
presenta como una posible sustitución al trasplante, aunque aún está en una
fase embrionaria. Los profesionales que atienden las patologías
cardiacas tienen clara su misión: hacer historia a diario.



DESDE que se empezara con el trasplante de corazón en el Hospital Reina Sofía -el 10 de mayo de 1986-, muchos y variados han sido los logros en este campo. Bajo la dirección del profesor Manuel Concha, los injertos cardíacos que se realizaban en Córdoba tuvieron repercusión nacional e internacional. Ahora, más de veinte años después, se sigue trabajando en este sentido, aunque son otros los retos a los que se enfrentan los enfermos cardiovasculares. El cardiólogo responsable del programa del trasplante de corazón, José María Arizón, es consciente de que "los injertos cardíacos vistieron de largo el hospital e impulsaron la aparición de otros programas de trasplantes en Córdoba", pero avisa de que la situación ha cambiado. Y mucho. "Cada vez hay más personas que necesitan otro corazón y además, los órganos donados son ahora de menor calidad porque la edad media de los donantes ha subido vertiginosamente", explica. Corrobora sus palabras un dato: sólo uno de cada tres corazones donados es válido para el trasplante. Ante esta situación y como una gran alternativa se plantea la asistencia ventricular, más conocida como corazón artificial, un dispositivo extracorpóreo. Este mecanismo, conectado al corazón del enfermo a través de dos cánulas, inyecta sangre oxigenada al ventrículo izquierdo y posibilita una mejora sustancial en la calidad de vida del paciente. Arizón es tajante: "Se pueden vivir años con este dispositivo". Sin embargo, su aplicación aún está en fase embrionaria.

La medicina ha avanzado tanto que una máquina fuera de la caja torácica puede hacer las funciones del corazón. La técnica, por lo tanto, está. Los problemas aparecen a la hora de aplicarla. Como aclara el doctor Ignacio Muñoz, "el corazón artificial se utiliza por ahora únicamente como puente para el trasplante, es decir, como una medida transitoria antes de recibir el órgano nuevo". Tiene además muchas ventajas: mantiene al enfermo con vida hasta la llegada de un corazón compatible y reduce su deterioro físico. Hasta el momento, este dispositivo que hace las funciones del órgano rey se ha colocado en enfermos tan graves que estaban condenados a morir de no recibir un corazón nuevo de forma inmediata. La escasez de órganos hace que los médicos acudan a este mecanismo como una solución de urgencia para enfermos con una cardiopatía grave. "No es un remedio permanente, sino uno transitorio que sirve para mantener con vida a pacientes muy graves mientras llega el trasplante. Nos permite ganar tiempo", señala Muñoz, quien está convencido de que las posibilidades médicas del corazón artificial se dispararán en los próximos años, cuando se convierta en una realidad clínica. "La medicina nunca se para ni se da por satisfecha y siempre busca nuevos métodos, nuevas fórmulas para garantizar el bienestar de los pacientes", añade.

Jaime Casares, cirujano cardiovascular del Hospital Reina Sofía, comienza su exposición enfrentándose a la situación actual: "No hay corazones para todos los que los necesitan y ése es el punto de partida en el que debemos trabajar".
Los datos de donación, insiste, son "excelentes", pero "faltan órganos". "Es en este panorama en el que cobra sentido el corazón artificial porque alarga la vida, porque mantiene la esperanza, porque propicia una mejora sustancial en el enfermo y porque nos hace ganar tiempo mientras llega el trasplante", aunque la angustia continúa porque "es una solución provisional, al menos por ahora". "Por ejemplo, ya han pasado cien días desde que se le implantó el corazón artificial a un paciente pediátrico de sólo seis años y aún no ha aparecido ningún órgano compatible. A pesar de haberle colocado este dispositivo de asistencia ventricular, la espera continúa", explica Casares. Los principales problemas de esta alternativa es, por ahora, el precio. Son unos dispositivos de alta tecnología y muy, muy costosos.

Si no hay corazones para todos los enfermos que lo requieren y si el corazón artificial es una solución de urgencia y sólo provisional, ¿cuál es el futuro para los enfermos con cardiopatías severas? Los tres facultativos coinciden, sin dudarlo: La medicina regenerativa. "La medicina pasa irremediablemente por las células madre: que podamos crear un corazón
nuevo y totalmente compatible con el receptor. Se eliminan así varios problemas de golpe: la falta de órganos, el rechazo del nuevo órgano,… También se está trabajando ahora mucho en la prevención, es decir, en evitar llegar a ese punto en el que la única solución es el trasplante", explica Casares. "Aunque eso sí, siempre se van a necesitar donantes porque jamás se abandonará el injerto de órganos", añade Muñoz. "La medicina regenerativa está ahí. Es el futuro, pero no podemos aventurar cómo de cerca está ese futuro", explica Arizón. Lo cierto es que la comunidad científica ya identificó el problema de la escasez de órgano hace muchos años. De hecho, en los años 90 se creyó que los xenotrasplantes -el injerto en humanos de órganos procedentes de animales- terminarían con este quebradero de cabeza. No fue así. Arizón, Muñoz y Casares valoran esta iniciativa: "Esa línea de investigación se abandonó por miedo a la transmisión de algún virus. No hay perspectivas de retomarla, pero nunca se sabe, porque la medicina vuelve, a veces, a los caminos que no dieron resultado".
José María Arizón, Ignacio Muñoz y Jaime Casares son conscientes de que los trasplantes son un camino que "todavía se está haciendo". "Se ha avanzado mucho, es cierto -explica el cardiólogo-, pero seguimos trabajando porque aún quedan aspectos por mejorar. Por ejemplo, tenemos que progresar con los inmunosupresores (medicinas que evitan el rechazo del nuevo órgano) para saber cuáles necesita cada paciente". "Ése es nuestro compromiso -continúan los cirujanos cardiovasculares-: seguir haciendo historia a diario, avanzar con el objetivo de salvar vidas, de trabajar por el bien de la población". La trayectoria de estos médicos y de las decenas de profesionales que conforman su equipo así lo confirma.

PIONERO EN EL USO DE LA ECMO

El Hospital Universitario Reina Sofía también ha sido pionero a nivel andaluz en el empleo de la terapia de oxigenación por membrana extracorpórea (ECMO), sistema que usó por primera vez a mediados de 2009 y del que se han beneficiado en los últimos seis meses nueve pacientes. Este equipo, que se usa en niños y adultos, permite desarrollar temporalmente la función del corazón y/o los pulmones hasta que éstos se recuperan o son sustituidos tras el implante de nuevos órganos. La base de la ECMO utiliza el principio de la circulación extracorpórea, que es usada habitualmente para la cirugía cardiaca convencional. El perfeccionamiento de este modelo extracorpóreo, así como el desarrollo tecnológico, ha posibilitado su realización de forma rápida y segura para el tratamiento de situaciones clínicas de difícil manejo en pacientes con una alta tasa de mortalidad. En el desarrollo de esta técnica participan cirujanos, intensivistas, perfusionistas, cardiólogos, anestesistas y personal de enfermería, entre otros.


 
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