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AL SERVICIO

DE LA VIDA

Por Rocío Lopera


Son de esas personas que no tienen un ‘no’ por respuesta. De las que
hacen esfuerzos titánicos para que el mensaje de la donación llegue hasta el último
rincón. De las que supeditan el avance de la medicina a la generosidad del ser
humano. De las que confiesan que su enfermedad, en lugar de fastidiarles la vida,
ha contribuido a salvar otras muchas. Sin el trabajo realizado por las asociaciones de
trasplantados durante los últimos treinta años, hubiera sido imposible hablar de cifras
históricas. De récords mundiales. De un índice de aceptación del 90%.
De donaciones multiorgánicas que llegan a curar hasta a diez enfermos a la vez.
En definitiva, de vidas que iluminan otras vidas gracias a la magia de la donación.


MARÍA DOLORES AYLLÓN, ANTONIO LÓPEZ, JOSÉ LUIS BERMEJO y FRANCISCO PINO son los actuales presidentes de las asociaciones de trasplantados de riñón, corazón, hígado y pulmón de Córdoba. Antes de llegar hasta aquí, también fueron enfermos, incluso en estado crítico. "A mí me dijeron que no salía de esa noche", reconoce José Luis, que pasó por el quirófano el 7 de febrero de 1990. Fue de los primeros trasplantados hepáticos de Andalucía y, casi dos décadas después, lucha para que el lema ‘Regala vida, dona órganos’ esté más presente que nunca. Charlas en los colegios, Semana del Donante o Marcha por la Donación son algunas de las actividades que forman parte del calendario solidario de la Asociación Andalusí de Enfermos y Trasplantados Hepáticos Hospital Universitario Reina Sofía, que fue fundada por María del Carmen Ramírez en los albores de la década de los 90.
El origen de la Asociación para la Lucha contra las Enfermedades del Riñón (Alcer) de Córdoba se remonta al comienzo del programa de trasplantes en 1979, aunque su constitución formal no data hasta 1983. Un año después, fue declarada de utilidad pública. Para su presidenta, María Dolores Ayllón, su puesta en marcha está ligada a dos nombres: Miguel Berni, el primer trasplantado renal de
Córdoba y Pedro Aljama, jefe de servicio de Nefrología del Reina Sofía. "El compromiso del colectivo médico fue determinante en el nacimiento de Alcer", al tiempo que reconoce que las relaciones entre Alcer y el hospital cordobés siguen siendo "magníficas". Realmente fue esta asociación la que patentó el Día del Donante y además, participa cada año, junto al resto de las entidades de personas trasplantadas, en la Semana del Donante que organiza el hospital. María Dolores descubrió su enfermedad casi al azar, pero su evolución fue imparable. En 1998 entró en diálisis, poco tiempo después, pasó a engrosar la lista de espera y el 13 de abril de 2005 fue finalmente trasplantada tras cuatro intentos fallidos. En enero de 2007, accedió a la presidencia de Alcer y desde entonces, se afana en mejorar la calidad de vida de los afectados de riñón y en contribuir a la concienciación de la sociedad. Reconoce que, en un terreno más íntimo, su vida también ha cambiado.

Pasar por un trance así, "agudiza la solidaridad y te hace tener una percepción más real de muchas cosas".
Alcer ha evolucionado al mismo ritmo que lo ha hecho la atención sanitaria. "Antes, uno de nuestros objetivos era que ningún enfermo muriera por no poder acceder a diálisis por falta de máquinas", una limitación que, afortunadamente, ya es historia. Junto a la asociación de trasplantados hepáticos, se enfrenta a un reto importante que la Organización Nacional de Trasplantes (ONT) ha asumido como una prioridad: fomentar la donación de vivo, que en la actualidad sólo es posible con riñones e hígado. "La donación de trasplante cadáver casi ha tocado techo, así que hay que potenciar otras alternativas, pero siempre respetando la decisión del receptor", remarca. José Luis también está comprometido con el esperanzador futuro que brinda esta posibilidad, aunque opina que siempre que existan las dos opciones es preferible el método tradicional porque evita riegos, "por mínimos que sean".

Cuando Antonio López escuchó por primera vez los latidos de su nuevo corazón, no alcanzaba a creer que ese ruido a "tractor viejo" hubiera desaparecido. Tras varios infartos, anginas de pecho y tres paros cardíacos, la disyuntiva estaba clara. "Trasplante o trasplante", me dijo el doctor José María Arizón. Lo difícil sería que su órgano aguantara un nuevo envite de los que le tenía acostumbrado. Corría el verano de 1993 cuando tuvo que volver a ingresar por otro fallo cardiaco. Desde la misma UCI, sacó fuerzas para rogar a sus hijas que salieran como damas en las fiestas de Santiago de Lucena. Ellas no eran muy partidarias, pero finalmente accedieron para darle ese gusto. El 23 de octubre de ese mismo año llegó por fin la deseada llamada, una fecha que tiene marcada como el verdadero día de su cumpleaños. "Al principio dudé, porque era muy duro tener que dejar a cinco hijos pequeños, pero lo hice". El primer trasplante de corazón lo realizó el doctor Manuel Concha en 1986. Desde entonces, el Reina Sofía suma más de 500 operaciones de este tipo. Al llegar al hospital, firmó un "montón" de papeles y le practicaron una exhaustiva batería de pruebas. Todavía retumban en su memoria las palabras de aliento de un médico joven cuando se enfrentó a la frialdad del quirófano. "No te preocupes, Antonio, que tu vida va a cambiar por completo". Y así ha sido. La Asociación Andaluza de Trasplantados de Corazón ‘Ciudad de los Califas’ tiene sede en Lucena, localidad natural de Antonio, al que antes le precedieron otros tres presidentes. Entre sus servicios destacan un gabinete psicológico, otro jurídico, apoyo económico y también un piso de acogida para enfermos sin recursos. "Está junto al nuestro", precisa José Luis Bermejo, pues, aunque cada uno de ellos está al frente de su asociación, los cuatro defienden la misma causa y se ayudan entre sí.

Francisco Pino se presenta al mismo tiempo como el "más joven y el más viejo" en la historia de los trasplantes. Su asociación fue la última en crearse, en 1995, dos años después de realizarse el primer injerto de pulmón en Andalucía y de los primeros de España. Fue el último programa en incorporarse porque es la operación "más difícil", defiende. El presidente de la Asociación Andaluza ‘A Pleno Pulmón’ pasó por el quirófano a finales del pasado milenio, cuando su vida estaba tan limitada que apenas podía dar un paseo sin la bombona de oxígeno. Francisco pasó por el quirófano con 60 años, lo que evidencia que este tratamiento funciona a todas las edades. Una década después, rebosa una vitalidad comparable a la de un veinteañero dispuesto a comerse el mundo. Hablador, cercano y cariñoso, sólo tiene palabras de elogio para los médicos que hicieron posible su "milagro" y de ánimo para las personas que, como él, conocen de primera mano la incertidumbre de estar en una lista de espera para algo que no sabes si finalmente llegará. Su primer contacto con el Reina Sofía fue con el jefe de servicio de Neumología, Andrés Cosano, aunque más tarde sería el doctor Lama quien se ocupara de él. Si la trayectoria de los anteriores programas de trasplantes ha sido brillante, el de pulmón quizás más. El Reina Sofía es referente andaluz para esta intervención y hasta hace unos años se trataba de uno de los pocos hospitales de España que operaba a niños y, por cierto, con resultados bastante aceptables.

Francisco recuerda que al principio tuvo un doble frente abierto. Por una parte, la crueldad de su enfermedad y, por otra, la incertidumbre de su mujer y su hijo mayor sobre las ventajas del trasplante. "Ellos no tenían tan claro que me sometiera a la operación, porque sentían mucho miedo, pero yo lo había decidido". Recuerda textualmente la frase que daría un giro a su vida.
"El regalo que estás esperando es posible que esté de camino", le dijo su médico. Eso fue al mediodía del 30 de noviembre de 1999, poco tiempo después, entraría en quirófano y ya no despertaría hasta un día después. "Mi caso provocó un revuelo, pues tuve una recuperación extraordinaria, ni los propios médicos daban crédito a lo bien que había ido todo". Después de aquello, sólo va al Reina Sofía a revisión y para las actividades de la promoción de órganos. A Pleno Pulmón suma ya 270 asociados, procedentes de muchos puntos de España: Andalucía, Castilla la Mancha, Extremadura, Valencia, Castilla León y Canarias, que precisamente es de donde llegaron sus nuevos pulmones.

Cuatro historias tan diferentes como cercanas. María Dolores, Antonio, José Luis y Francisco parecen estar hechos de otra pasta por su enorme vitalidad y su compromiso con los más débiles. Son de esas personas cuyo grado de felicidad depende de la capacidad de restar sufrimiento a enfermos con un futuro, cuanto menos, incierto. Con su labor al frente de sus asociaciones, contribuyen día a día a que la donación haya dejado de ser un hecho aislado para convertirse en un gesto que honra a toda Córdoba.


 
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