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4.800
RAZONES PARA LA ALEGRÍA
Por Daniel Blanco

Sirvan unos cuantos números para poner en valor la progresión y
el ascenso del Hospital Reina Sofía en la compleja andadura de los trasplantes.
El 6 de febrero de 2009, el centro cordobés celebraba el treinta aniversario de su
primer injerto haciendo balance de su trayectoria y con unas cifras contundentes:
se habían realizado más de 4.600 trasplantes -la mayoría de médula ósea, riñón e hígado-.
Unos meses después, al cierre de esta publicación -en octubre-, los datos ya habían
mejorado y alcanzaban los 4.800. Al Reina Sofía le sobran razones para el optimismo
y también para la alegría. Pero aún hay más. El complejo sanitario oferta ya en
su cartera numerosos programas de trasplantes y además, es referente
nacional en cinco de ellos. El camino no ha llegado a su fin, pero a estas alturas,
no cabe duda de que Córdoba está en el podio de la actividad trasplantadora de España.



LOS datos de los últimos treinta años vienen a confirmar que la apuesta del Hospital Reina Sofía por los trasplantes era un compromiso de largo recorrido, un reto vital en el que se ha implicado no sólo la plantilla, sino también la sociedad, y que ha colocado a Córdoba a la vanguardia de la medicina en este campo. La trayectoria está formada por hitos asombrosos, logros imposibles -que después se hicieron posible- y momentos complicados, pero sobre todo, por esas miles de personas que se han beneficiado de esta terapéutica. El 6 de febrero de 2009, justo treinta años después de ese injerto renal que abrió la puerta a los trasplantes, más de 4.600 enfermos habían conseguido un nuevo órgano o tejido gracias a la solidaridad de otros. Las cifras, imparables, siguieron subiendo y sólo unos meses después, en octubre -justo antes de cerrar esta publicación-, ya eran 4.834 las personas trasplantadas en este hospital. Es decir, en 4.834 ocasiones se puso en marcha la compleja y delicada maquinaria de los trasplantes, que incluyen la extracción del órgano, el implante y los cuidados del postoperatorio. Detrás de estos números, están, por una parte, los 4.834 enfermos que han sido trasplantados, pero también todo su entorno -sus padres, sus hijos y sus hermanos, otros familiares y sus amigos-, que son beneficiarios indirectos de los trasplantes. ¿Cuántas personas se han visto aliviadas y curadas tras recibir un órgano nuevo? ¿A cuántas les ha cambiado la vida o lo que es mucho mejor, les ha devuelto la normalidad? ¿A cuántos individuos hace feliz un trasplante? Imposible de cuantificar.

Dentro del cómputo total de las intervenciones realizadas -4.834-, el corazón, el hígado, el riñón y la médula ósea han sido los órganos y tejidos trasplantados en más ocasiones. Los riñones y la médula ósea se colocan a la cabeza y copan, cada uno, un 25% de la actividad trasplantadora del Hospital Reina Sofía. Éstos son los resultados en números absolutos: en poco más de treinta años, se han hecho 1.144 trasplantes renales; 880, hepáticos; 523, de corazón; 308, de pulmón; 139, de páncreas; 1.157, de médula ósea y 683, de córnea.

Rafael Guerrero, jefe de servicio de Medicina Intensiva y el que fuera coordinador de trasplantes del hospital -“eso es como el sacerdocio, imprime carácter”-, hace balance y valora esta progresión. “La técnica quirúrgica estaba ya dominada en los primeros años, pero han cambiado muchas cosas desde entonces: se ha mejorado la coordinación y la organización, hemos aumentado la supervivencia de los trasplantados gracias a los avances con los fármacos inmunosupresores y sobre todo, se ha producido una fuerte empatía por parte de la sociedad hacia el trabajo que hacemos en el Reina Sofía, es decir, los
ciudadanos nos han creído, han visto resultados y se han implicado en la donación. Afortunadamente, ya no tenemos los elevadísimos datos de negativa familiar que se daban al principio”. Todos estos avances dibujan un panorama completamente diferente para los profesionales de esta terapéutica, que ya afrontan estas operaciones como parte de la rutina, pero también para los enfermos, que ven ampliadas sus miras de futuro. “Antes, había unos límites de edad para ciertos órganos. Por ejemplo, no se trasplantaba un corazón de un donante de más de 45 años o un hígado procedente de alguien de más de 50. Ahora se colocan hígados de gente de 70 años y riñones, de personas de más de 80”, ilustra Guerrero. En este mismo sentido se pronuncia también Pedro Aljama García, jefe de servicio de Nefrología y testigo del primer trasplante: “Antes, también rechazábamos a los receptores muy mayores, algo que ahora es impensable. En estos años, se han ido consiguiendo retos que parecían utópicos. Estas cifras son el resultado del trabajo conjunto de los profesionales, la Administración y la sociedad, que también contribuye, y de una manera fundamental, con la donación”. El urólogo José Molina habla también de la calidad de los órganos y de su evolución en estos años: “Antes los órganos provenían, en su mayoría, de donantes fallecidos en accidentes de tráfico. Ahora, son de donantes con procesos cerebrovasculares agudos, lo que se traduce en un envejecimiento de los órganos donados”. Aljama, al igual que Guerrero y Molina, advierte: el camino no está concluido. En absoluto.

La oferta trasplantadora

Durante los últimos treinta años, el Hospital Reina Sofía ha ido incorporando nuevos programas a su oferta trasplantadora hasta convertirse en uno de los centros españoles con más proyección en este campo. Su autoridad, en este sentido, es innegable. Está acreditado para hacer injertos de riñón y de hígado -a adultos, niños y de donante vivo-, y también de corazón, pulmón, páncreas y cardiopulmonar -a pacientes pediátricos y adultos-. En tejidos, el centro implanta médula ósea, córnea, piel, vasos sanguíneos, válvulas cardíacas, paratiroides y tejido óseo-osteotendinoso. La suma de todos estos programas hace de la oferta trasplantadora del hospital cordobés una de las más completas de toda España.

Esta cartera de servicios es el resultado de una incesante evolución que empieza y toma velocidad hace treinta años, con el primer trasplante de riñón procedente de donante cadáver al paciente Miguel Berni. Después de aquel 6 de febrero de 1979, llegó, sólo dos años más tarde, el primero de médula ósea y le siguió, en 1985, el primero de riñón de donante vivo. En el último lustro de los 80, la implantación de nuevos programas de trasplantes se precipita y se hacen los primeros de corazón (1986), de páncreas (1988) y de hígado (1989). Los años 90 arrancan con la maquinaria de los trasplantes a pleno rendimiento y, en 1992, se hace el primero de córnea. Un año más tarde, se coloca por primera vez un pulmón a un paciente; en 1997, se hace el primer trasplante simultáneo de hígado, páncreas y riñón; y en 1998, se trasplanta de corazón a un bebé de sólo ocho días. Ya en este siglo, el Reina Sofía hace el primer injerto combinado bipulmonar y hepático a un paciente infantil (2004), el primer trasplante a un enfermo con VIH (2004), el primero de hígado infantil de donante vivo (2007) y el primero a un paciente con un único pulmón (2008), por nombrar sólo algunos.

La recompensa al Reina Sofía por su compromiso y por su constancia no sólo se materializa en estar acreditado para trasplantar casi todos los órganos sólidos -a excepción del intestino-, sino que también le ha permitido convertirse en centro de referencia nacional para las intervenciones de pulmón a niños, de corazón -tanto adulto como infantil-, de hígado a pacientes pediátricos y de páncreas a adultos. Es decir, el hospital cordobés es centro de referencia a nivel nacional para cinco trasplantes, lo que significa que cualquier enfermo del territorio español que necesite alguno de estos injertos puede ser tratado en Córdoba. Además, el Hospital Reina Sofía es centro de referencia autonómica para los trasplantes de corazón a pacientes pediátricos, de hígado infantil y también de donante vivo -tanto para adultos como para niños- y de pulmón y cardiopulmonar a enfermos de cualquier edad. Es preciso recordar que, aunque el Reina Sofía está autorizado para hacer trasplantes cardiopulmonares, aún no se ha realizado ninguno.

Los responsables de algunos de estos programas de trasplantes que son referencia nacional y/o autonómica toman la palabra para poner en valor la situación actual y evaluar la trayectoria. No cabe duda de que los injertos pediátricos son una de las grandes bazas del Hospital Reina Sofía. No en vano, los profesionales del centro cordobés están acreditados para realizar en un niño el implante de cualquier órgano -hígado, corazón, pulmón, riñón y páncreas- y además, con una tasa de supervivencia excelente. El trasplante infantil es uno de los buques insignia de la medicina cordobesa. Así, al menos, lo cree Juan Luis Pérez Navero, jefe de servicio de Pediatría, Críticos y Urgencias Infantiles, para quien esta práctica está siendo “una verdadera revolución”. Los datos parecen darle la razón: ya son más de cien los niños trasplantados de hígado; unos cuarenta han recibido un corazón nuevo y a otros 38 se les ha realizado un implante de pulmón. “Los trasplantes en adultos han influido, y de manera muy positiva, en los pediátricos. Es una práctica que se ha visto favorecida por la colaboración de todos los equipos: hemos trasladado la experiencia de los adultos a los niños y los resultados son muy buenos”. El trasplante infantil es un hito, pero también un reto. “Cuando se va a trasplantar a un niño, hay un proceso previo y posterior a la intervención que es preciso tener presente y con el que debemos ser meticulosos: el niño no puede sufrir ni perder peso. Para nosotros, es inconcebible que un enfermo pediátrico tenga dolor o se deprima”. En este mismo sentido habla el hepatólogo infantil Jesús Jiménez, quien pone la alerta en el postoperatorio: “Las horas posteriores al trasplante son fundamentales para su supervivencia, aunque es cierto que las cifras de mortalidad se han reducido de forma considerable en los últimos años porque la mayoría de los niños afronta el proceso del implante en unas condiciones de salud óptimas, es decir, bien nutridos, con un peso aceptable… Aun así, el trasplante es siempre la última opción”. “Es muy importante -coinciden los dos facultativos- que entendamos que hay niños que mueren esperando un órgano; por eso, la donación, en estos casos, se vive en toda su dimensión”.

Francisco Javier Padillo, el responsable del Programa de Trasplantes de Páncreas del Hospital Reina Sofía desde 1995 hasta mediados de 2009 -cuando se trasladó a otro centro-, explica las peculiaridades de este órgano y valora el reciente nombramiento del complejo cordobés como centro de referencia nacional en este tipo de injertos.
Este cirujano va directo al grano y habla de diagnóstico y también de las posibilidades de este trasplante: “En los enfermos que cumplen los requisitos, los resultados son magníficos porque el paciente deja de ser diabético durante el tiempo que funciona el órgano. Hay constatación científica de que este injerto prolonga la supervivencia y mejora la calidad de vida. Además, está presente un aspecto subjetivo: la diabetes no es un cáncer, pero es igual o incluso peor que un cáncer. Es decir, destroza al que la sufre: lo va dejando ciego, le produce infartos, provoca neuropatías y también la pérdida de los dedos de los pies, y a veces, no le permite ni andar. La sociedad lo desconoce porque ha dejado de ser una enfermedad mortal”. Además, estos trasplantes, que se desarrollan a pleno rendimiento desde mitad de los 90, han colocado al Reina Sofía a la cabeza de la cirugía europea con algunas intervenciones, como la del primer trasplante triple de páncreas, hígado y riñón (1998). “La perseverancia y la fe en todo lo que hacíamos nos ha situado entre los centros más importantes del país. Además, a día de hoy, el trasplante de páncreas es una alternativa consolidada para un grupo concreto de pacientes con diabetes”, concluye, tajante.

En el ámbito del pulmón, uno de los órganos más frágiles para el trasplante, destaca Ángel Salvatierra, jefe de servicio de Cirugía Torácica. Este cirujano, merecedor del premio Averroes de Oro de la Ciudad de Córdoba en 2008, pertenece a un equipo que ha firmado algunos de los grandes hitos de este hospital: el primer injerto pulmonar, el primer trasplante combinado de pulmones e hígado a un paciente pediátrico y la intervención a un joven de 15 años con un solo pulmón, al que trasplantaron para colocarle un único órgano de adulto que ocupaba toda su caja torácica. “Ha sido un camino largo, de constante preparación, pero de mucho entusiasmo por hacer cosas nuevas. Recuerdo que hasta tuvimos que ir al Parlamento andaluz para que consideraran el trasplante de pulmón como algo clínico, no experimental. Se consiguió gracias a la cooperación y al equipo. Este hospital está llamado a hacer cosas grandes porque tiene un potencial humano fuera de toda duda”, reflexiona Salvatierra, que ya trabaja en su próximo reto: realizar el primer trasplante cardiopulmonar del hospital. “El pulmón es un órgano que trae varios problemas añadidos a la cirugía: sólo un porcentaje pequeño de los que se donan sirve para el trasplante y además, es un órgano que tiene una isquemia cortísima, es decir, que si pasa demasiado tiempo entre la extracción y el implante, no funciona”.

Salvatierra define los trasplantes como una cadena de buenas decisiones: “Todos estamos implicados en el proceso: desde el médico que da el diagnóstico y decide cuándo poner al enfermo en lista de espera hasta los que se encargan del postoperatorio. Cada uno de los profesionales que participamos en el proceso tenemos nuestro grado de responsabilidad”. Este cirujano, además, adelanta cuáles serán los pasos en el futuro más próximo: “Los trasplantes de pulmón ya se realizan con asiduidad. Ahora, el desafío está en la investigación para frenar el rechazo porque ése es nuestro punto flaco: un 50% de los trasplantados no acepta el órgano”.

Todos coinciden en que los avances han sido muchos y, sobre todo, buenos. “Y se trata de un autoría conjunta”, especifica Salvatierra, quien además, vaticina: “Con el equipo humano de este hospital, aún nos quedan muchas cosas por ver”. Que así sea.






 
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